EDITORIAL:Salamandra
PÁGINAS:304
GÉNERO:Negro
FECHA RESEÑA: 15 julio, 2026
Aprovechando los días de verano he leído una novela cuyo escenario es idílico: la Costa Brava, un lugar que te adentra de lleno en las vacaciones. Os hablo con detalle de «Crimen bajo la tramontana» de Mireia García Contreras editado por Salmandra.
Cuando el cuerpo de una mujer aparece flotando en el puerto de Palamós, Cecilia Soler, expolicía y vecina de una cala del Empordà, se promete mantenerse al margen. Pero cuando Marc Vila, su excompañero en los mossos, se enfrenta a una investigación sin salida, la subinspectora que lleva dentro vuelve a despertar. Entre cafés y clases de latín con su vecina Aurelia, una anciana observadora e irónica, noches de insomnio frente al mar y secretos que huelen a gasoil y sal, Cecilia se ve arrastrada a una trama donde nada encaja.
Ambientada en la Costa Brava, la historia aprovecha la fuerza simbólica de la tramontana —ese viento intenso y cambiante que caracteriza al Empordà— para construir un relato en el que la tensión parece filtrarse en cada rincón del paisaje. Desde las primeras páginas, el lector percibe que el escenario no es un mero telón de fondo, sino un elemento que condiciona el comportamiento de los personajes y envuelve la narración en una constante sensación de inquietud.
Uno de los aspectos más logrados de la novela es precisamente la caracterización de su protagonista. Cecilia Soler, expolicía obligada a enfrentarse de nuevo a una investigación criminal, resulta un personaje creíble y cercano. No responde al estereotipo del investigador brillante que resuelve cualquier caso gracias a una inteligencia casi sobrenatural. El resto del reparto también está construido con cuidado. Los habitantes del pueblo poseen motivaciones reconocibles y una personalidad propia que evita que se conviertan en simples piezas al servicio del argumento.
Otro de los grandes aciertos del libro reside en su ambientación. La Costa Brava aparece retratada con un notable nivel de detalle, pero sin caer en la descripción turística o excesivamente contemplativa. El mar, los puertos, las calles estrechas de los pueblos costeros y, sobre todo, la presencia constante de la tramontana adquieren un valor narrativo que va más allá de lo estético. El viento funciona casi como una metáfora del estado emocional de los personajes: remueve recuerdos, altera los ánimos y parece anunciar que nada permanecerá oculto durante mucho tiempo. Gracias a ello, el paisaje termina convirtiéndose en un personaje más de la novela.
La narración evita los excesos descriptivos, pero dedica el espacio suficiente para que el lector visualice con facilidad los escenarios y comprenda el estado emocional de los personajes. Los diálogos resultan naturales y contribuyen tanto al avance de la investigación como al desarrollo de las relaciones personales.
En conjunto, «Crimen bajo la tramontana» es una obra sólida que combina una investigación bien construida con una ambientación especialmente cuidada y unos personajes dotados de profundidad. No pretende competir con los thrillers de ritmo frenético, sino ofrecer una historia donde la tensión nace de los silencios, de los secretos compartidos y de la influencia que el entorno ejerce sobre quienes lo habitan.


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