El último barco

“Lo malo no es entregarse a una pasión con más o menos años. Lo terrible es morirse sin haberla buscado”

El último barco
5 / 5 Mi nota
Argumento5
Narrativa5
Final5
Info
AUTOR: Domingo Villar
EDITORIAL: Siruela
PÁGINAS: 707
GÉNERO: Policíaca
FECHA RESEÑA: 25 junio, 2019
Reseña

La última novela de Domingo Villar titulada «El último barco» ha tardado en llegar unos cuantos años y todos sus lectores estaban con ganas de tener la novela entre sus manos, y, evidentemente, la espera ha merecido la pena, la novela no ha defraudado. En mi caso ha sido mi primer acercamiento a la prosa de Domingo Villar pero, evidentemente no va a ser la última, es más ya tengo preparada su novela anterior para empezar su lectura.

La hija del Doctor Andrade ha desaparecido en un pequeño pueblo llamado Tirán. Mónica trabaja en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo y en torno a este peculiar lugar gira parte de la trama. Mónica no tenía ninguna relación tormentosa ni era una mujer conflictiva. En su casa todo está en orden, vivía en una casa pintada de azul al lado de la Iglesia donde todos se conocían. Todo apunta a una desaparición voluntaria, pero, su padre se empeña en que no es así y removerá cielo y tierra para que le hagan caso.

Domingo Villar nos trae de vuelta al inspector Leo Caldas y a su compañero Estévez. Tengo que decir que las novelas se pueden leer absolutamente por separado, no hay relación entre ellas, aunque los investigadores sean los mismos en todas.

La trama transcurre de forma reposada, como si cociera a fuego lento, como si estuviera moldeado de forma delicada por las manos que trabajan en esa Escuela de Artes y Oficios. Pero para nada aburre, para nada la lectura se hace pesada, al contrario, disfrutas de cada reflexión, de cada momento, de cada personaje.

Domingo Villar inicia cada capítulo con una entrada del diccionario, según el propio autor explica unas tomadas de la RAE, otras del diccionario de Julio Casares o de María Moliner y otras de su propia cosecha para que cuadren mejor en la historia. Una forma original de tomar tributo a lo que él llama su “paleta de pintor”, esas palabras tan bien elegidas y cuidadas que conforman un todo maravilloso.

Los personajes de «El último barco» son una auténtica delicia para el lector, tanto los protagonistas como los secundarios. Leo Caldas es un tipo tranquilo, sosegado, de costumbres impuestas que siempre sigue, de ir a los mismos lugares a comer y cenar. Un inspector involucrado al máximo en su trabajo, alguien que se guía por sus instintos. Un tipo de fiar, del que todos confían. Un buen inspector. Es de esas personas sencillas que te encuentras en tu día a día y que se muestra de forma cordial con todos. Por contrapunto tenemos a su compañero Estévez, un tipo bruto, con un carácter distinto al de Caldas, pero un tipo encantador, tierno y adorable cuando quiere. El padre de Caldas me ha cautivado, un hombre sencillo y que los años le han dado esa sabiduría que desprende y de la que su hijo intenta empaparse, un ser entrañable que me ha suscitado más de una sonrisa y más de una reflexión acerca de la vida, su “libro de los idiotas” es genial. Luego tenemos a Camilo, un chico que va vestido de naranja, que no habla con nadie, que posee un don, que se dedica a observar el mundo a cierta distancia, no quiero contar más para que los lectores lo descubran. Hay muchos más personajes, todos los que forman parte de esa Escuela de Artes y Oficios tienen mucho que mostrarnos, pero, quiero resaltar a Napoleón, un mendigo que “vive” delante de la Escuela, un personaje que nos deja multitud de lecciones en forma de frases en latín, un personaje maravilloso.

«El último barco» es una novela muy rica en matices, en ella encontramos una investigación policial en torno a la desaparición de una joven que evidentemente a todos preocupa. Es una novela de grandes relaciones paternofiliales, muy de padres e hijos, de sus encuentros y sus desencuentros, de relaciones de las que todos aprenden. De padres asfixiantes y también demasiado protectores. También es una novela que le da importancia a la cotidianidad, a mostrar las cosas tal y como son, se le da una importancia merecida a esa Escuela de Artes y Oficios de Vigo, que es real, en donde se aprenden esos oficios íntimos que pueden caer en el olvido, y que se intentan transmitir para que eso no pase, donde trabaja gente que con sus manos y su paciencia realiza obras increíbles, digno de admiración. Es una novela que invita a la reflexión, una novela para leer con calma y tranquilidad, para saborear lentamente.

Domingo Villar le da una gran importancia a los escenarios, los describe con gusto exquisito, con gran maestría permite que cobren vida más allá de las páginas del libro y que seamos capaces, nosotros los lectores, de descubrir cada rincón con precisión.

Como podéis comprobar la novela me ha encantado, me ha gustado todo: la trama en sí, los personajes, los escenarios, el modo de resolver el caso, la forma de narrar, los magníficos diálogos… Domingo Villar ha creado una novela redonda, donde todo va sucediendo de forma coherente, donde todo encaja y de la que se disfruta de principio a fin.

Desde este modesto rincón dedicado a mis lecturas no me queda más que animar a todos a que se adentren en la lectura de esta gran novela que, una vez más, he tenido la suerte de compartirla con mis compañeras de Soy Yincanera.

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